dimarts, 14 de desembre de 2004

Prestige


Conocimos los encantos de esa ciudad. Brillante tanto de día como de noche.
Era el mar, quizá la brisa que golpeaba los muros de las casas suavemente, o bien el brillo del SOL que llegaba a cada rincón de la villa. Tremendos bosques rodeaban casas repletas de paz. Calles con el ángel aguardando en las puertas y ni un alma irrumpiendo el silencio.

Turista yo, descubrí la belleza de la soledad en un mundo soez y hostil como el de antes, convertido ahora en magnifica originalidad del suceso. Todo sigue el ciclo en la villa, respetando la ecuación de la vida en cada rincón. Reina el encanto y la sabiduría en cada uno de nuestros corazones, porque fusionamos nuestras ricas mentes. Pero sólo aquí es infinita la belleza.

El mar vomita el líquido negro en la costa opuesta porque mata a sus hijos. Llora por la inclemencia del ?todopoderoso?, porque todos sus hechos restan de piedad y dignidad. Los hijos muertos, yacen en la playa de la costa opuesta, mientras que aquí todo es brillo y vida. El TODOPODEROSO cierra los ojos. Se oye un grito desazonado y desesperanzado a lo lejos. Son los últimos que quedan, sin fuerzas para luchar contra la devastadora vida. Mata todo aquello que no sea él, TODOPODEROSO.

Veo a su hijo petrificado en la costa, oscuro como el ojo cerrado. Nariz estropeada al compás de la poderosa marea, reforzada por la negritud.
Herida abierta. Jamás cerrada. Los granos de la belleza, rosados, blancos ,liláceos...curativos en toda su esencia jamás clarearan el sufrimiento. Ya no hay arenas intactas en la costa opuesta. Ya no hay azul en el océano negro, ya no hay plumas vigorosas, solo flotan en la marea algunos restos de vida.